martes, 7 de abril de 2026

OPINION

Por Señorita Transparencia.
Y pasó el Domingo de Resurrección… aunque, curiosamente, en nuestra ciudad lo único que resucita día tras día, desde el 18 de marzo, es el fuego y el humo de la fábrica quemada. Y esta señorita no puede evitar hacerse algunas preguntas incómodas.
En estos tiempos de fervor ecologista y tapones adheridos a la botella, parece perfectamente razonable dejar durante semanas plástico ardiendo y liberando humo con partículas nocivas hacia nuestra ciudad… hacia nuestros ciudadanos. Porque sí, será mucho o poco, pero el humo está ahí, día tras día. Y eso… termina en el aire. Y, por qué no decirlo, también en nuestros pulmones.
¿Quién es el responsable? ¿De verdad no se puede hacer nada? ¿Nos queda únicamente la resignación… y la mascarilla como accesorio de temporada? ¿Es este el plan, esperar a que se apague solo y confiar en que el viento sea benévolo? La escena recuerda a el ya mitico vertedero de ruedas de los simpsons.
Una se pregunta si este ayuntamiento podría haber hecho algo más. O mejor dicho: si debería haber hecho algo más. Especialmente por quienes viven y trabajan cerca de la fábrica, que, casualmente, no parecen disfrutar demasiado de la experiencia: tos, picor de ojos… detalles sin importancia, supongo.
Y dejando el humo a un lado (aunque él no nos deje a nosotros), esta situación vuelve a poner sobre la mesa algo casi decorativo de tanto mencionarlo, la necesidad urgente de un parque de bomberos. Ese proyecto del que tanto se habla… y tan poco se materializa. Siempre hay una excusa disponible, eso sí. Resultados, en cambio, pocos.
Pero claro, tampoco conviene incomodar demasiado. No vaya a ser que, por pedir responsabilidades, acabemos mordiendo la mano que nos da de comer. Y así, con esa elegante lógica, justificamos la inacción… una vez más.
Esto quedará, como tantas otras cosas, en una anécdota. Sin culpables. Sin explicaciones. Sin consecuencias. Porque, al fin y al cabo, es mucho más sencillo llenar los plenos de asuntos triviales que enfrentarse a lo que realmente afecta al pueblo.
Atentamente: Una señorita que recicla… pero empieza a preguntarse para qué.

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