Emilio G. Ranz / La Bañeza.- El pasado sábado a las cinco de la tarde volvió a cambiar el tiempo y de una mañana de sol empezó a rugir tormenta, tanto que los usuarios abandonamos, por cuarto día consecutivo, la piscina municipal. Aunque el agua tardó en caer, como el día empeoró: se levantó una fuerte tormenta de viento (y arena –ver noticia anterior–) muchos abandonamos el recinto. Por suerte y fortuna aunque no cayó un rayo en el agua, la cosa pudo ser peor ya que se cayó una cornisa del edifico Chambord –donde está el gran almacén de los chinos–, encima de la acera y de un turismo. «Podía haberle matado» –explicaban a este periódicos testigos desde el lugar de los hechos– «ya que era un pedazo de hormigón de gran tamaño» nos explicaba una jóven. «Yo estaba en casa, vivo en un piso enfrente, cuando oí un gran ruído, me asomé a la ventana y ví lo que había ocurrido. Estaba la acera llena de cascotes. Enseguida apareció la policía y vallaron con cinta el lugar para que no pasasen peatones y evitar que nuevos cascotes que pudieran caer sobre alguna persona y causar heridos e incluso muertos» nos decía Guille añadiendo que los pedazos de hormigón de la cornisa que se desprendieron y precipitaron al suelo podían haber matado a alguien, y que fue una suerte que no pasase nada grave. «Eso sí, había un coche que estaba abajo aparcado, que quedó destrozado» comentaba a este periódico.
domingo, 14 de julio de 2013
Cae una cornisa del edificio Chambord por el viento, causando importantes daños a un turismo
Emilio G. Ranz / La Bañeza.- El pasado sábado a las cinco de la tarde volvió a cambiar el tiempo y de una mañana de sol empezó a rugir tormenta, tanto que los usuarios abandonamos, por cuarto día consecutivo, la piscina municipal. Aunque el agua tardó en caer, como el día empeoró: se levantó una fuerte tormenta de viento (y arena –ver noticia anterior–) muchos abandonamos el recinto. Por suerte y fortuna aunque no cayó un rayo en el agua, la cosa pudo ser peor ya que se cayó una cornisa del edifico Chambord –donde está el gran almacén de los chinos–, encima de la acera y de un turismo. «Podía haberle matado» –explicaban a este periódicos testigos desde el lugar de los hechos– «ya que era un pedazo de hormigón de gran tamaño» nos explicaba una jóven. «Yo estaba en casa, vivo en un piso enfrente, cuando oí un gran ruído, me asomé a la ventana y ví lo que había ocurrido. Estaba la acera llena de cascotes. Enseguida apareció la policía y vallaron con cinta el lugar para que no pasasen peatones y evitar que nuevos cascotes que pudieran caer sobre alguna persona y causar heridos e incluso muertos» nos decía Guille añadiendo que los pedazos de hormigón de la cornisa que se desprendieron y precipitaron al suelo podían haber matado a alguien, y que fue una suerte que no pasase nada grave. «Eso sí, había un coche que estaba abajo aparcado, que quedó destrozado» comentaba a este periódico.
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